
El movimiento terminó, pero Cali todavía está procesando lo ocurrido.
No fue solamente un temblor fuerte. Hubo pérdidas humanas, personas heridas, viviendas afectadas, daños en instituciones de salud y familias que hoy atraviesan momentos de incertidumbre y duelo. Mientras algunas personas intentan recuperar lo que cambió en pocos minutos, muchas otras están ayudando, buscando a sus seres queridos, acompañando a vecinos o siguiendo con preocupación las noticias.
Por eso es posible sentir que la ciudad está diferente: más silenciosa, pesada o triste. Aunque no todas las personas hayan vivido una pérdida directa, compartimos calles, lugares, historias y una sensación de seguridad que se vio interrumpida.
Cuando percibimos una amenaza, el cuerpo activa su sistema de alerta para protegernos. El corazón puede acelerarse, los músculos se tensan, la atención se concentra en cualquier ruido o movimiento y aparece la necesidad de buscar un lugar seguro.
Cuando el peligro inmediato termina, esa activación no siempre desaparece al mismo tiempo. El cuerpo puede necesitar horas o días para reconocer nuevamente que está a salvo. Por eso algunas personas continúan pendientes de cualquier vibración, sienten temor de entrar a ciertos lugares, tienen dificultades para dormir o no logran concentrarse.
No es exageración ni falta de fortaleza. Es una respuesta humana ante una situación inesperada y amenazante.
Nuestro bienestar emocional no se construye de manera aislada. También está relacionado con las personas, los lugares y las rutinas que nos hacen sentir seguros.
Ver edificaciones afectadas, escuchar las historias de quienes perdieron a alguien, conocer personas heridas o reconocer lugares cotidianos transformados puede producir tristeza, angustia e impotencia, incluso cuando nuestra propia casa o familia están a salvo.
A esto podemos llamarlo duelo colectivo: una experiencia compartida que aparece cuando una comunidad enfrenta pérdidas y cambios profundos. No significa que todas las personas sientan lo mismo ni con la misma intensidad. Algunas llorarán, otras necesitarán ayudar, algunas sentirán miedo y otras permanecerán en silencio.
Incluso no saber qué sentir también es una respuesta posible.
En medio de la emergencia también aparece la solidaridad. Personas que donan, reciben ayudas, rescatan animales, atienden heridos, escuchan historias o acompañan a quienes perdieron algo importante.
Ayudar puede devolvernos una sensación de propósito y conexión, pero también puede exponernos al dolor de muchas personas. Quienes están acompañando necesitan descansar, alimentarse, reconocer sus límites y encontrar espacios donde también puedan expresar lo que están sintiendo.
Cuidarse no significa abandonar a los demás. También es una forma de poder seguir presentes.
Ayuda a tu cuerpo a volver al presente
Después de una experiencia intensa, algunas acciones sencillas pueden ayudar a disminuir progresivamente el estado de alerta:
No se trata de eliminar el miedo inmediatamente, sino de recordarle poco a poco a tu cuerpo que el peligro ya pasó.
También puedes repetirte: "Estoy aquí. El movimiento terminó. En este momento estoy a salvo".
Estas acciones no buscan borrar el miedo, sino ayudarle al cuerpo a diferenciar entre lo que ocurrió y lo que está sucediendo ahora.
Darle espacio a lo que sentimos
No tienes que estar bien porque el sismo ya pasó. Puedes sentir miedo y, al mismo tiempo, agradecer que estás a salvo. Puedes ayudar a otros y también sentirte vulnerable. Puedes necesitar hablar o preferir guardar silencio durante un tiempo.
Las emociones no tienen que ser corregidas inmediatamente. Primero necesitan ser reconocidas.
Cuida la información que consumes
Mantenerse informado es importante, pero exponerse repetidamente a videos, imágenes alarmantes y mensajes sin confirmar puede mantener activo el estado de alerta. Consulta fuentes oficiales, evita compartir información que no haya sido verificada y permítete tomar descansos de las noticias y las redes sociales. Estar informado no significa revivir el momento una y otra vez.
Habla cuando te sientas preparado
Conversar con alguien de confianza puede ayudarnos a ordenar lo ocurrido y expresar lo que llevamos dentro. Sin embargo, no todas las personas necesitan hablar inmediatamente y nadie debe sentirse obligado a contar lo que vivió.
También podemos acompañar estando presentes, escuchando sin juzgar y preguntando: "¿Qué necesitas en este momento?".
Si necesitas expresar lo que sientes y no sabes cómo empezar, puedes conversar gratuitamente con Yatiri en TeBo. Puedes escribir algo tan sencillo como: "Hoy tembló muy fuerte en mi ciudad y todavía tengo miedo". Yatiri no reemplaza el acompañamiento de un profesional, pero puede ayudarte a continuar la conversación y orientarte hacia líneas de atención si lo necesitas.
Recupera poco a poco tus rutinas
Comer, descansar, hidratarte, compartir con otras personas y retomar gradualmente las actividades cotidianas puede ayudar a recuperar la sensación de estabilidad. No tienes que hacerlo todo de inmediato. Después de una situación de alto impacto, los pequeños pasos también cuentan.
Muchas de estas reacciones disminuyen con el tiempo. Sin embargo, es recomendable buscar acompañamiento profesional si el miedo o la angustia persisten, aumentan o interfieren de manera importante con el sueño, el trabajo, las relaciones o las actividades diarias.
Si tú o alguien cercano se encuentra en peligro, presenta una emergencia médica o siente que podría hacerse daño, es necesario buscar ayuda inmediata a través de los servicios de emergencia y las líneas de atención disponibles en su ciudad.
Recuperar la calma no significa olvidar lo ocurrido ni obligarnos a dejar de sentir miedo. Significa permitir que nuestro cuerpo y nuestra mente vuelvan a encontrar seguridad, poco a poco y con el acompañamiento que necesitemos.
Nadie debería atravesar solo lo que siente.
Medita con prácticas guiadas, crea hábitos que te inspiran y déjate acompañar en tu proceso. TeBo es tu espacio para redescubrir tu poder.
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