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BienestarSalud mental

Creencias, hábitos y rutinas

Por Equipo TeBo·2 de septiembre de 2026·15 min de lectura
Mujer viendo un calendario

Es importante tener un poco de claridad respecto a aquello que son las creencias, los hábitos y las rutinas.


Las creencias son pensamientos que tenemos sobre diferentes cuestiones y las cuales nos permiten comprender y explicar el mundo de determinada manera, al igual que interpretar los hechos que conecten. Tenemos creencias sobre nosotros mismos, (sobre quiénes somos, nuestras capacidades), sobre los otros y las diferentes actitudes que tienen hacia nosotros.


 Hay dos tipos de creencias (Ellis, 1981):


 1: CREENCIAS IRRACIONALES:


Son aquellas que se presentan como una obligación, una exigencia o imposición. Estas, generalmente, no se apoyan en evidencia, es decir que, no se justifican con los hechos de la realidad. Por ejemplo, es lo que sucede cuando suponemos, en vez de preguntar o que están basadas en hechos del pasado que no son vigentes al momento actual.

Las ideas irracionales conducen a emociones como la ansiedad, estrés o depresión y no ayudan a lograr los objetivos porque el propio malestar generado por dichas creencias afecta tu rendimiento.


Algunos ejemplos de ideas irracionales serían afirmaciones como:

“Debo ser perfecto en todo”.

“Tengo que hacer completamente feliz a mi pareja”.

“Estoy en la obligación de resolver las situaciones difíciles de mis familiares”.

“Es igual al papá o la mamá“

“Soy así y no puedo cambiar“


¡Pensemos!

¿Con qué frecuencia tiendo a pensar estas cosas y cómo estos pensamientos definen mis acciones diarias y mis emociones?

¿Tengo alguna idea de estas o alguna similar? Si es así, es momento de que te replantees dichas creencias, ya que cada una de ellas refleja que estás imponiéndote cuestiones que puede que no corresponden y que generan estrés, o reacciones y comportamientos que te llevan a angustiarte o tener conflictos con tu entorno.



Si es así, es momento de que te replantees dichas creencias, ya que cada una de ellas refleja que estás imponiéndote cuestiones que no te corresponden y que generan un estrés que no puedes manejar porque hay cosas que están fuera de tu control.


Para ayudarte a modificar este tipo de creencias, el diálogo es una herramienta importante, ya que muchas veces puedes atribuir significados o interpretaciones a los actos de los demás, pero estos no corresponden con las intenciones del otro. Cuando le das la oportunidad al diálogo, enriqueces tu mundo de sentidos y aclaras cosas que solo estabas asumiendo como verdaderas.


También es importante revisar el surgimiento de esas creencias ¿realmente son creencias mías? Muchas veces asumimos creencias de otras personas sin cuestionarlas, lo cual puede atentar contra nuestro propio bienestar, ya que por ellas adoptamos conductas o soportamos situaciones que atentan contra nosotros mismos. Por ejemplo, pudiste haber asumido creencias de tus dinámicas familiares, en las cuales era “normal” el maltrato entre la pareja, sin embargo, puedes cuestionar dichas creencias y preguntarte si eso es lo que quieres en tu vida o puedes tomar distancia de ciertos modos de relación.


2: CREENCIAS RACIONALES


Estas creencias, por su parte, se presentan como deseos o preferencias, por lo tanto no nos sentimos obligados a cumplir con exigencias. Este tipo de creencias promueven conductas de autoayuda y de adaptabilidad, es decir que favorecen que te desenvuelvas en tu vida con mayor tranquilidad.


Puedes empezar a preguntarte por aquello que realmente deseas y lo que está dentro de tus posibilidades. Las creencias racionales te permiten liberarte de responsabilidades que no te corresponden y permiten que seas más tolerante contigo mismo y con las capacidades que tienes para afrontar las situaciones. Algunos ejemplos de creencias racionales pueden ser:


“Estoy haciendo lo mejor que puedo y tengo la posibilidad de equivocarme como cualquier otra persona”.

“Mi pareja está molesta. Puedo brindarle mi apoyo, pero no es mi obligación garantizar que esté feliz”.

“Algunas personas podrían no estar de acuerdo con lo que pienso”.


Como puedes ver, estas afirmaciones tienen en común que relativizan exigencias y dejan de un lado las generalizaciones, dando paso a una forma de ser más flexible que te permite adaptarte a tu entorno.


Ahora bien, los hábitos y rutinas son acciones que te permiten organizarte en el día a día. Estas son útiles porque, facilitan que realicemos nuestras actividades, ya que adoptamos horarios y la misma forma de hacer las cosas, lo cual ayuda a reducir los niveles de estrés derivados de tener que pensar cada día cómo llevar a cabo algunas tareas. Sin embargo, los hábitos y rutinas también pueden producir estrés debido a que, cuando nos detenemos a pensar en ellos, empezamos a hacer las cosas en “automático” y tenemos la sensación de pérdida de control sobre nuestras vidas. Además, los hábitos y rutinas te pueden empezar a servir como excusa para justificar acciones que no son las más sanas para ti con pensamientos como “estoy acostumbrado a hacerlo así”. Por eso te invitamos a modificar esas rutinas y hábitos que sientes que te generan estrés; una buena opción es implementar pequeños cambios de manera gradual y siendo flexible con algunas actividades y horarios.


En definitiva, creencias, rutinas y hábitos están íntimamente relacionados, teniendo en cuenta que las creencias son la base de nuestras acciones e influyen en el tipo de hábitos y rutinas que adoptamos. Por esta razón, si quieres empezar a implementar cambios, lo primordial es poner en cuestionamiento tus creencias y darte la oportunidad de empezar a interpretar las cosas desde otros puntos de vista; esto se verá reflejado en la elección de rutinas y hábitos más acorde a tus necesidades y por lo tanto menos estresantes.

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